Actividad física, ejercicio físico y deporte son tres términos diferentes que, en ocasiones, se utilizan equívocamente. En este artículo te aclaramos los conceptos y te damos las claves a tener en cuenta para una correcta prescipción de ejercicio

 

Cuando una persona tiene un objetivo que implica moverse, hacer ejercicio o deporte y acertadamente, busca la supervisión de un profesional en la materia, lo que quiere es una prescripción de ejercicio. Para entrar en detalle de lo que es la prescripción de ejercicio, debemos aclarar unos conceptos básicos.

Muchos de nosotros, por no decir casi la totalidad, desconocemos el significado y la diferencia de, y entre, varios términos en torno al mundo del entrenamiento. Defino con mis propias palabras:

  1. Actividad Física (AF): todo movimiento corporal que implica un gasto de energía.
  2. Ejercicio Físico: actividad física estructurada y planificada que se realiza de manera repetida para obtener beneficios (en general).
  3. Deporte: un tipo muy específico de actividad física practicado conforme a unas normas comunes y en el que hay competición contra algo y/o alguien.

Cuando hablamos de prescripción del ejercicio, como hacemos los miembros del área de actividad física que os encontraréis en VIVE, nos referimos a la segunda acepción. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), AF es “cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos que exija gasto de energía” siendo la acción más importante para mejorar la salud (World Health Organization, 2010).

 

DESAGAMOS EL ENTUERTO

Entonces, ¿prescribimos AF? Sí y no. Algunos tipos. Concretamente los que son seguros con la salud, eficaces para con los objetivos deseados y en base a los gustos y preferencias de la persona a la que le es prescrita y, por decirlo de alguna manera, en forma de ejercicio-ejercicios, porque según la definición citada hace unas líneas, darse cabezazos contra una pared es un tipo excelente de AF porque es un movimiento y produce un gasto de energía (mucho y más que gasto, malgasto) pero es evidente que no va a cumplir nuestras expectativas, me atrevería a decir que del 99,9% de nosotros.

Los profesionales de las “Ciencias de la Actividad Física y el Deporte” prescribimos este ejercicio de manera planificada, estructurada y a realizar de manera reiterada con el fin de obtener los beneficios que buscamos, en base a la evidencia científica disponible, a nuestra experiencia y a los objetivos específicos de nuestros alumnos/pacientes/atletas (puntualizo que todas las personas son alumnas/os ya que nuestro objetivo es transferir los conocimientos en los que nos hemos formado para que adquieran unos hábitos concretos, aparte de guiar, organizar y supervisar su estructura de entrenamiento).

Permitidme ahora que os hable de tú a tú y con un vocabulario “algo” más técnico.

  • ¿Más técnico?
  • Sí, porque aquí comienza el traspaso de conocimiento al que me refería antes, pero nos vamos a entender.

Una persona informada es una persona con poder. Saber qué hacemos y por qué lo hacemos nos genera motivación, la cual facilita la práctica de AF, la adherencia a esta práctica y a medio largo plazo, con suerte en unos 66 días (Lally, van Jaarsveld, Potts, & Wardle, 2010), la adquisición de hábitos (saludables en este caso) e incluso cultura sobre esos hábitos.

Ilustración 1. ¿Beneficios de la AF o del ejercicio?

Conocer lo que ocurre en este proceso de prescripción de ejercicio te va a facilitar la comprensión y la crítica razonada hacia los métodos de trabajo y puede que, hasta los dos, alumno y educador físico, aprendamos cosas nuevas.

Te pongo un ejemplo: si vas al taller porque tienes que cambiar los amortiguadores del coche, mejor saber qué es un amortiguador porque podría pasar que te fueses a casa con dos muelles de colores de estos que tirabas escaleras abajo.

 

OBJETIVOS: PIEDRA ANGULAR DE LA PRESCRIPCIÓN

Tus objetivos (realistas) se van a alcanzar a través de la realización y repetición de ciertos ejercicios secuenciados de una manera específica para que produzcan adaptaciones en tu organismo a nivel psicofisiológico. Para ello hay que evaluar tu estado y tus capacidades y en base a ello, y en todo lo que se ha mencionado anteriormente, planificar y desarrollar tu plan de entrenamiento. Los datos nos dan información que nos permite tener control sobre los cambios que se producen y cuantificarlos, lo que se traduce prácticamente en “ponerle una nota a tu esfuerzo y a nuestro trabajo”.

Ilustración 2. Imagen de la campaña de la American College of Sports Medicine

Dicho todo esto, es competencia tuya conocer y evaluar al profesional sobre el que vas a poner tu salud en sus manos y esto ya es muy subjetivo aunque desde mi punto de vista, lo mejor es que éste te demuestre sus competencias, aptitudes y actitudes (ni sus títulos -que ayudan o te aseguran unos mínimos, si son reales- ni su aspecto/vestimenta o físico porque igual, por ejemplo, tu educador físico, nutricionista, psicólogo, fisioterapeuta no es Mr. Olympia y no quiere decir que no pueda ayudarte a cumplir tu objetivo si es ese, lo mismo que te ayudará a mejorar tu tensión arterial o tu salud cardiovascular aunque ella/él no tenga hipertensión o haya sufrido un infarto).



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